Queridos amigos y hermanos: A lo largo de nuestro blog iremos presentando aquellos personajes cuyas vidas están contadas tanto en la Biblia como en la Historia de la Iglesia y que, en algún momento de su existencia, pasaron por las prisiones. Personajes bíblicos, santos, mártires, creyentes que supieron lo que es el dolor y la tristeza de una celda carcelaria. Misa todos los primeros viernes de mes a las 7:00 PM Mass every First Friday of the month at 7:00 PM
Friday, December 9, 2016
NET TV - Al Pan Pan -JMJ en Polonia (11/23/2016)
En la primera parte de éste programa Padre Tomás del Valle y Jorge Domínguez nos invitan a darle un vistazo a la recién Jornada Mundial en Polonia. Así mismo, conoceremos mas a fondo como y cuando empezó, éste evento católico mundial. En la segunda parte, nos hablan del Islam en el Medio Oriente y Europa.
This show is available on Time Warner Cable Channel 97, Verizon Fios Channel 48 and Cablevision Channel 30 in the New York area
Thursday, September 29, 2016
Escribir presos 9-29-2016
Si usted desea enviar revistas o una carta a un preso,
aquí hay algunos nombres que desean recibir
correspondencia.
Si usted no desea colocar su
“DIRECCION PERSONAL”,
no hay problema, puede utilizar esta dirección:
Padre Tomas Del Valle-Reyes
c/o…(su nombre)
P.O. Box 1170
New York, NY 10018
Yudy Centeno
ID#92361-054
Metropolitan Correctional Center
150 Park Row
New York, NY 10007
ID# 211361
Juan Cruz Carmona
Union County Jail
15 Elizabethtown
Plaza Elizabeth, NJ 07202
Pedro Rios
#SBI 000285296G AIE 104T
Northern State Prison
P.O.BOX 2300
Newark, NJ 07114
Samuel Matos
#527154D INM#1043719
East Jersey State Prison
Lock Bag R
RAHWAY NJ 07065
José Espinal
SBI 888960E N.S.P
Northern State Prison
P.O.BOX 2300
Newark, NJ 07114
Norberto Acevedo
SBI 780500E AIW N.S.P
Northern State Prison
P.O.BOX 2300
Newark, NJ 07114
Marvin Perdono
SBI 152 458C9R
Southern State Correctional Facility
P.O. Box 150
Delmont, New Jersey 08314
José Chamba
SBI 862564E 4-IR
South Woods State Prison
215 South Burlington Rd.
Bridgeton, New Jersey 08302
Ana María Pérez (MCC) no nos hand dado ID
Jordania Burgos (MCC) no nos hand dado ID
Carmen Gómez (MCC) que va ser deportada para el Salvador
Gisela Santana (MCC) no nos hand dado ID
Juana Santana (MCC) no nos han dado ID
Nancy González (MCC) no nos han dado ID
Rafaela Carolina Medina (MCC) no nos han dado ID
Dora Bergamino (MCC) No nos han dado ID
Lee Mansini (MCC) No nos han dado ID
aquí hay algunos nombres que desean recibir
correspondencia.
Si usted no desea colocar su
“DIRECCION PERSONAL”,
no hay problema, puede utilizar esta dirección:
Padre Tomas Del Valle-Reyes
c/o…(su nombre)
P.O. Box 1170
New York, NY 10018
Yudy Centeno
ID#92361-054
Metropolitan Correctional Center
150 Park Row
New York, NY 10007
ID# 211361
Juan Cruz Carmona
Union County Jail
15 Elizabethtown
Plaza Elizabeth, NJ 07202
Pedro Rios #SBI 000285296G AIE 104T
Northern State Prison
P.O.BOX 2300
Newark, NJ 07114
Samuel Matos
#527154D INM#1043719
East Jersey State Prison
Lock Bag R
RAHWAY NJ 07065
José Espinal
SBI 888960E N.S.P
Northern State Prison
P.O.BOX 2300
Newark, NJ 07114
Norberto Acevedo
SBI 780500E AIW N.S.P
Northern State Prison
P.O.BOX 2300
Newark, NJ 07114
Marvin Perdono
SBI 152 458C9R
Southern State Correctional Facility
P.O. Box 150
Delmont, New Jersey 08314
José Chamba
SBI 862564E 4-IR
South Woods State Prison
215 South Burlington Rd.
Bridgeton, New Jersey 08302
Ana María Pérez (MCC) no nos hand dado ID
Jordania Burgos (MCC) no nos hand dado ID
Carmen Gómez (MCC) que va ser deportada para el Salvador
Gisela Santana (MCC) no nos hand dado ID
Juana Santana (MCC) no nos han dado ID
Nancy González (MCC) no nos han dado ID
Rafaela Carolina Medina (MCC) no nos han dado ID
Dora Bergamino (MCC) No nos han dado ID
Lee Mansini (MCC) No nos han dado ID
Friday, September 2, 2016
Juan Cruz Carmona
Con
consentimiento de Juan Cruz Carmona, estamos colocando su Número de ID y Dirección para las personas que deseen escribirle.
Si no deseas utilizar tu dirección, utiliza la dirección de tu Parroquia, (con el consentimiento de tu Párroco, por supuesto) o de Descubriendo el Siglo 21, P.O. BOX 1170, New York, NY 10018.
Muchacho colombiano que se encuentra recluido de por vida y luego en Julio quizás lo envían a Arizona.
ID# 211361
Juan Cruz Carmona
Union County Jail
15 Elizabethtown Plaza
Elizabeth, NJ 07202
consentimiento de Juan Cruz Carmona, estamos colocando su Número de ID y Dirección para las personas que deseen escribirle. Si no deseas utilizar tu dirección, utiliza la dirección de tu Parroquia, (con el consentimiento de tu Párroco, por supuesto) o de Descubriendo el Siglo 21, P.O. BOX 1170, New York, NY 10018.
Muchacho colombiano que se encuentra recluido de por vida y luego en Julio quizás lo envían a Arizona.
ID# 211361
Juan Cruz Carmona
Union County Jail
15 Elizabethtown Plaza
Elizabeth, NJ 07202
Wednesday, June 22, 2016
ESPECTACULAR MENSAJE
DEL PAPA FRANCISCO:
Al envejecer,
y ser más sabios, lentamente nos damos cuenta de que:
Un reloj de 3000 € marca la misma hora que un reloj de 30 €.
Una cartera de 300 € carga el mismo dinero que una de 30 €.
La soledad en una casa de 70 metros cuadrados o de 300 es la misma.
Espero que un día te des cuenta de que tu felicidad interna no viene de las cosas materiales en el mundo.
No importa si viajas en primera clase o en la económica, igual bajas si el avión se cae.
Espero que te des cuenta que, cuando tienes amigos y hermanos con quienes hablar, reír, y cantar, eso es verdadera felicidad.
5 hechos indiscutibles de la felicidad:
1 - No eduques a tus hijos para ser ricos, edúcalos para ser felices, para que vean el valor de las cosas y no su precio.
2 - Las palabras más galardonadas en Londres: Come tu comida como si fuera tu medicina, o tendrás que tomar tu medicina como si fuera comida.
3 - La persona que te ama nunca te dejara. Aun si hay 100 motivos para rendirse, encontraran una razón para quedarse.
4 - Hay una gran diferencia entre un ser humano y ser un humano. Muy pocos la entienden.
5 - Eres amado cuando naces y serás amado cuando mueras. Depende de ti el tiempo intermedio.
Los seis mejores doctores en el mundo:
Luz solar, descanso, ejercicio, dieta, confianza en uno mismo y... amigos.
Mantenlos durante todas las etapas de tu vida y disfruta de una vida sana.
"Que difícil es el ser humano, nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere!!!!!!!
El MEJOR REGALO que le puedes dar a alguien es tu tiempo y SIEMPRE se le regala a la familia o a un buen amigo.
Que Dios te colme de bendiciones.
Tomate el tiempo para enviar este mensaje cuando menos a alguien de tu familia o a un buen amigo.
CLARO CUANDO TENGAS TIEMPO!!!!
y ser más sabios, lentamente nos damos cuenta de que: Un reloj de 3000 € marca la misma hora que un reloj de 30 €.
Una cartera de 300 € carga el mismo dinero que una de 30 €.
La soledad en una casa de 70 metros cuadrados o de 300 es la misma.
Espero que un día te des cuenta de que tu felicidad interna no viene de las cosas materiales en el mundo.

No importa si viajas en primera clase o en la económica, igual bajas si el avión se cae.
Espero que te des cuenta que, cuando tienes amigos y hermanos con quienes hablar, reír, y cantar, eso es verdadera felicidad.
5 hechos indiscutibles de la felicidad:
1 - No eduques a tus hijos para ser ricos, edúcalos para ser felices, para que vean el valor de las cosas y no su precio.

2 - Las palabras más galardonadas en Londres: Come tu comida como si fuera tu medicina, o tendrás que tomar tu medicina como si fuera comida.
3 - La persona que te ama nunca te dejara. Aun si hay 100 motivos para rendirse, encontraran una razón para quedarse.
4 - Hay una gran diferencia entre un ser humano y ser un humano. Muy pocos la entienden.
5 - Eres amado cuando naces y serás amado cuando mueras. Depende de ti el tiempo intermedio.
Los seis mejores doctores en el mundo:
Luz solar, descanso, ejercicio, dieta, confianza en uno mismo y... amigos.

Mantenlos durante todas las etapas de tu vida y disfruta de una vida sana.
"Que difícil es el ser humano, nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere!!!!!!!
El MEJOR REGALO que le puedes dar a alguien es tu tiempo y SIEMPRE se le regala a la familia o a un buen amigo.
Que Dios te colme de bendiciones.
Tomate el tiempo para enviar este mensaje cuando menos a alguien de tu familia o a un buen amigo.
CLARO CUANDO TENGAS TIEMPO!!!!
Descubriendo el Siglo 21
Discovering 21century
Fr Tomás Del Valle-Reyes
P. O. BOX 1170
New York, NY 10018
(212) 244 4778
Tuesday, November 25, 2014
A THANKSGIVING PRAYER
Acción de Gracias no tiene que ser solamente el último jueves del
mes de noviembre, pero todos los días de nuestra vida.
Demos gracias a Dios, Nuestro Padre, por todo lo que hemos recibido y por lo que no tenemos también.
Dios no deja de amarnos ni un solo segundo de nuestras vidas, somos nosotros los que no agradecemos lo suficiente.
Feliz Día de Acción de Gracias.
Padre Tomas Del Valle-Reyes
A THANKSGIVING PRAYER
God of all blessings, source of all life, giver of all grace;
We thank you for the gift of life;
for the breath that sustains life,
for the food of this earth that nurtures life,
for the life-giving love of family and friends.
We thank you for the mystery of creation:
for the beauty of the Earth that the eye can see, for the unfolding universe that draws us beyond our imaginings.
We thank you for the communities to which we belong:
for families, for friends, for neighbors and for companions at work.
We thank you for the strangers who welcome us into their lives and whom we invite to be part of ours.
We thank you for our brothers and sisters of all ages, all races, all nations and all faiths.
We thank you for the multitude of ways that you call us to steward the gifts of creation and to serve others in your name.
We thank you for this day, for the companionship we share and the bountiful goodness of the bread we break together.
God of all goodness, we pray in thanks for your presence among us as we gather together, and your promise to be with us now and always.
AMEN.
mes de noviembre, pero todos los días de nuestra vida. Demos gracias a Dios, Nuestro Padre, por todo lo que hemos recibido y por lo que no tenemos también.
Dios no deja de amarnos ni un solo segundo de nuestras vidas, somos nosotros los que no agradecemos lo suficiente.
Feliz Día de Acción de Gracias.
Padre Tomas Del Valle-Reyes
A THANKSGIVING PRAYER
God of all blessings, source of all life, giver of all grace;
We thank you for the gift of life;
for the breath that sustains life,
for the food of this earth that nurtures life,
for the life-giving love of family and friends.
We thank you for the mystery of creation:
for the beauty of the Earth that the eye can see, for the unfolding universe that draws us beyond our imaginings.
We thank you for the communities to which we belong:
for families, for friends, for neighbors and for companions at work.
We thank you for the strangers who welcome us into their lives and whom we invite to be part of ours.
We thank you for our brothers and sisters of all ages, all races, all nations and all faiths.
We thank you for the multitude of ways that you call us to steward the gifts of creation and to serve others in your name.
We thank you for this day, for the companionship we share and the bountiful goodness of the bread we break together.
God of all goodness, we pray in thanks for your presence among us as we gather together, and your promise to be with us now and always.
AMEN.
Thursday, April 17, 2014
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO 4-17-2014
(Taken from Vatican VA )
SANTA MISA CRISMAL
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana Jueves Santo, 17 de abril de 2014

Ungidos con óleo de alegría
Queridos hermanos en el sacerdocio.
En el Hoy del Jueves Santo, en el que Cristo nos amó hasta el extremo (cf. Jn 13, 1), hacemos memoria del día feliz de la Institución del sacerdocio y del de nuestra propia ordenación sacerdotal.
El Señor nos ha ungido en Cristo con óleo de alegría y esta unción nos invita a recibir y hacernos cargo de este gran regalo: la alegría, el gozo sacerdotal.
La alegría del sacerdote es un bien precioso no sólo para él sino también para todo el pueblo fiel de Dios: ese pueblo fiel del cual es llamado el sacerdote para ser ungido y al que es enviado para ungir.
Ungidos con óleo de alegría para ungir con óleo de alegría.
La alegría sacerdotal tiene su fuente en el Amor del Padre, y el Señor desea que la alegría de este Amor “esté en nosotros” y “sea plena” (Jn 15,11).
Me gusta pensar la alegría contemplando a Nuestra Señora: María, la “madre del Evangelio viviente, es manantial de alegría para los pequeños” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 288), y creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres.
El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño.
Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. Lc 1,48).
Y desde esa pequeñez asumimos nuestra alegría. ¡Alegría en nuestra pequeñez! Encuentro tres rasgos significativos en nuestra alegría sacerdotal: es una alegría que nos unge (no que nos unta y nos vuelve untuosos, suntuosos y presuntuosos), es una alegría incorruptible y es una alegría misionera que irradia y atrae a todos, comenzando al revés: por los más lejanos.
Una alegría que nos unge.
Es decir: penetró en lo íntimo de nuestro corazón, lo configuró y lo fortaleció sacramentalmente.
Los signos de la liturgia de la ordenación nos hablan del deseo maternal que tiene la Iglesia de transmitir y comunicar todo lo que el Señor nos dio: la imposición de manos, la unción con el santo Crisma, el revestimiento con los ornamentos sagrados, la participación inmediata en la primera Consagración… La gracia nos colma y se derrama íntegra, abundante y plena en cada sacerdote.
Ungidos hasta los huesos… y nuestra alegría, que brota desde dentro, es el eco de esa unción.
Una alegría incorruptible.
La integridad del Don, a la que nadie puede quitar ni agregar nada, es fuente incesante de alegría: una alegría incorruptible, que el Señor prometió, que nadie nos la podrá quitar (cf. Jn 16,22).
Puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida pero, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas, y siempre puede ser renovada.
La recomendación de Pablo a Timoteo sigue siendo actual: Te recuerdo que atices el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos (cf. 2 Tm 1,6).
Una alegría misionera.
Este tercer rasgo lo quiero compartir y recalcar especialmente: la alegría del sacerdote está en íntima relación con el santo pueblo fiel de Dios porque se trata de una alegría eminentemente misionera.
La unción es para ungir al santo pueblo fiel de Dios: para bautizar y confirmar, para curar y consagrar, para bendecir, para consolar y evangelizar.
Y como es una alegría que solo fluye cuando el pastor está en medio de su rebaño (también en el silencio de la oración, el pastor que adora al Padre está en medio de sus ovejitas) es una “alegría custodiada” por ese mismo rebaño.
Incluso en los momentos de tristeza, en los que todo parece ensombrecerse y el vértigo del aislamiento nos seduce, esos momentos apáticos y aburridos que a veces nos sobrevienen en la vida sacerdotal (y por los que también yo he pasado), aun en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegría, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría.
“Alegría custodiada” por el rebaño y custodiada también por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia.
La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la pobreza. El sacerdote es pobre en alegría meramente humana ¡ha renunciado a tanto! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios.
No se la tiene que procurar a sí mismo. Sabemos que nuestro pueblo es generosísimo en agradecer a los sacerdotes los mínimos gestos de bendición y de manera especial los sacramentos. Muchos, al hablar de crisis de identidad sacerdotal, no caen en la cuenta de que la identidad supone pertenencia. No hay identidad –y por tanto alegría de ser– sin pertenencia activa y comprometida al pueblo fiel de Dios (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 268).
El sacerdote que pretende encontrar la identidad sacerdotal buceando introspectivamente en su interior quizá no encuentre otra cosa que señales que dicen “salida”: sal de ti mismo, sal en busca de Dios en la adoración, sal y dale a tu pueblo lo que te fue encomendado, que tu pueblo se encargará de hacerte sentir y gustar quién eres, cómo te llamas, cuál es tu identidad y te alegrará con el ciento por uno que el Señor prometió a sus servidores.
Si no sales de ti mismo el óleo se vuelve rancio y la unción no puede ser fecunda.
Salir de sí mismo supone despojo de sí, entraña pobreza. La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la fidelidad.
No principalmente en el sentido de que seamos todos “inmaculados” (ojalá con la gracia lo seamos) ya que somos pecadores, pero sí en el sentido de renovada fidelidad a la única Esposa, a la Iglesia.
Aquí es clave la fecundidad.
Los hijos espirituales que el Señor le da a cada sacerdote, los que bautizó, las familias que bendijo y ayudó a caminar, los enfermos a los que sostiene, los jóvenes con los que comparte la catequesis y la formación, los pobres a los que socorre… son esa “Esposa” a la que le alegra tratar como predilecta y única amada y serle renovadamente fiel. Es la Iglesia viva, con nombre y apellido, que el sacerdote pastorea en su parroquia o en la misión que le fue encomendada, la que lo alegra cuando le es fiel, cuando hace todo lo que tiene que hacer y deja todo lo que tiene que dejar con tal de estar firme en medio de las ovejas que el Señor le encomendó: Apacienta mis ovejas (cf. Jn 21,16.17).
La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la obediencia. Obediencia a la Iglesia en la Jerarquía que nos da, por decirlo así, no sólo el marco más externo de la obediencia: la parroquia a la que se me envía, las licencias ministeriales, la tarea particular… sino también la unión con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. Pero también la obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de “Nuestra Señora de la prontitud” (cf. Lc 1,39: meta spoudes), que acude a servir a su prima y está atenta a la cocina de Caná, donde falta el vino. La disponibilidad del sacerdote hace de la Iglesia casa de puertas abiertas, refugio de pecadores, hogar para los que viven en la calle, casa de bondad para los enfermos, campamento para los jóvenes, aula para la catequesis de los pequeños de primera comunión…. Donde el pueblo de Dios tiene un deseo o una necesidad, allí está el sacerdote que sabe oír (ob-audire) y siente un mandato amoroso de Cristo que lo envía a socorrer con misericordia esa necesidad o a alentar esos buenos deseos con caridad creativa.
El que es llamado sea consciente de que existe en este mundo una alegría genuina y plena: la de ser sacado del pueblo al que uno ama para ser enviado a él como dispensador de los dones y consuelos de Jesús, el único Buen Pastor que, compadecido entrañablemente de todos los pequeños y excluidos de esta tierra que andan agobiados y oprimidos como ovejas que no tienen pastor, quiso asociar a muchos a su ministerio para estar y obrar Él mismo, en la persona de sus sacerdotes, para bien de su pueblo.
En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que haga descubrir a muchos jóvenes ese ardor del corazón que enciende la alegría apenas uno tiene la audacia feliz de responder con prontitud a su llamado. En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que cuide el brillo alegre en los ojos de los recién ordenados, que salen a comerse el mundo, a desgastarse en medio del pueblo fiel de Dios, que gozan preparando la primera homilía, la primera misa, el primer bautismo, la primera confesión…
Es la alegría de poder compartir –maravillados– por vez primera como ungidos, el tesoro del Evangelio y sentir que el pueblo fiel te vuelve a ungir de otra manera: con sus pedidos, poniéndote la cabeza para que los bendigas, tomándote las manos, acercándote a sus hijos, pidiendo por sus enfermos… Cuida Señor en tus jóvenes sacerdotes la alegría de salir, de hacerlo todo como nuevo, la alegría de quemar la vida por ti.
En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que confirme la alegría sacerdotal de los que ya tienen varios años de ministerio.
Esa alegría que, sin abandonar los ojos, se sitúa en las espaldas de los que soportan el peso del ministerio, esos curas que ya le han tomado el pulso al trabajo, reagrupan sus fuerzas y se rearman: “cambian el aire”, como dicen los deportistas.
Cuida Señor la profundidad y sabia madurez de la alegría de los curas adultos.
Que sepan rezar como Nehemías: “la alegría del Señor es mi fortaleza” (cf. Ne 8,10).
Por fin, en este Jueves sacerdotal, pido al Señor Jesús que resplandezca la alegría de los sacerdotes ancianos, sanos o enfermos.
Es la alegría de la Cruz, que mana de la conciencia de tener un tesoro incorruptible en una vasija de barro que se va deshaciendo.
Que sepan estar bien en cualquier lado, sintiendo en la fugacidad del tiempo el gusto de lo eterno (Guardini).
Que sientan, Señor, la alegría de pasar la antorcha, la alegría de ver crecer a los hijos de los hijos y de saludar, sonriendo y mansamente, las promesas, en esa esperanza que no defrauda.
SANTA MISA CRISMAL
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana Jueves Santo, 17 de abril de 2014

Ungidos con óleo de alegría
Queridos hermanos en el sacerdocio.
En el Hoy del Jueves Santo, en el que Cristo nos amó hasta el extremo (cf. Jn 13, 1), hacemos memoria del día feliz de la Institución del sacerdocio y del de nuestra propia ordenación sacerdotal.
El Señor nos ha ungido en Cristo con óleo de alegría y esta unción nos invita a recibir y hacernos cargo de este gran regalo: la alegría, el gozo sacerdotal. La alegría del sacerdote es un bien precioso no sólo para él sino también para todo el pueblo fiel de Dios: ese pueblo fiel del cual es llamado el sacerdote para ser ungido y al que es enviado para ungir.
Ungidos con óleo de alegría para ungir con óleo de alegría.
La alegría sacerdotal tiene su fuente en el Amor del Padre, y el Señor desea que la alegría de este Amor “esté en nosotros” y “sea plena” (Jn 15,11).

Me gusta pensar la alegría contemplando a Nuestra Señora: María, la “madre del Evangelio viviente, es manantial de alegría para los pequeños” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 288), y creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres.
El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño.

Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. Lc 1,48).
Y desde esa pequeñez asumimos nuestra alegría. ¡Alegría en nuestra pequeñez! Encuentro tres rasgos significativos en nuestra alegría sacerdotal: es una alegría que nos unge (no que nos unta y nos vuelve untuosos, suntuosos y presuntuosos), es una alegría incorruptible y es una alegría misionera que irradia y atrae a todos, comenzando al revés: por los más lejanos.

Una alegría que nos unge.
Es decir: penetró en lo íntimo de nuestro corazón, lo configuró y lo fortaleció sacramentalmente.
Los signos de la liturgia de la ordenación nos hablan del deseo maternal que tiene la Iglesia de transmitir y comunicar todo lo que el Señor nos dio: la imposición de manos, la unción con el santo Crisma, el revestimiento con los ornamentos sagrados, la participación inmediata en la primera Consagración… La gracia nos colma y se derrama íntegra, abundante y plena en cada sacerdote.
Ungidos hasta los huesos… y nuestra alegría, que brota desde dentro, es el eco de esa unción.
Una alegría incorruptible. La integridad del Don, a la que nadie puede quitar ni agregar nada, es fuente incesante de alegría: una alegría incorruptible, que el Señor prometió, que nadie nos la podrá quitar (cf. Jn 16,22).
Puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida pero, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas, y siempre puede ser renovada.
La recomendación de Pablo a Timoteo sigue siendo actual: Te recuerdo que atices el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos (cf. 2 Tm 1,6).
Una alegría misionera.
Este tercer rasgo lo quiero compartir y recalcar especialmente: la alegría del sacerdote está en íntima relación con el santo pueblo fiel de Dios porque se trata de una alegría eminentemente misionera.
La unción es para ungir al santo pueblo fiel de Dios: para bautizar y confirmar, para curar y consagrar, para bendecir, para consolar y evangelizar.
Y como es una alegría que solo fluye cuando el pastor está en medio de su rebaño (también en el silencio de la oración, el pastor que adora al Padre está en medio de sus ovejitas) es una “alegría custodiada” por ese mismo rebaño.
Incluso en los momentos de tristeza, en los que todo parece ensombrecerse y el vértigo del aislamiento nos seduce, esos momentos apáticos y aburridos que a veces nos sobrevienen en la vida sacerdotal (y por los que también yo he pasado), aun en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegría, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría.
“Alegría custodiada” por el rebaño y custodiada también por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia.
La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la pobreza. El sacerdote es pobre en alegría meramente humana ¡ha renunciado a tanto! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a sí mismo. Sabemos que nuestro pueblo es generosísimo en agradecer a los sacerdotes los mínimos gestos de bendición y de manera especial los sacramentos. Muchos, al hablar de crisis de identidad sacerdotal, no caen en la cuenta de que la identidad supone pertenencia. No hay identidad –y por tanto alegría de ser– sin pertenencia activa y comprometida al pueblo fiel de Dios (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 268).
El sacerdote que pretende encontrar la identidad sacerdotal buceando introspectivamente en su interior quizá no encuentre otra cosa que señales que dicen “salida”: sal de ti mismo, sal en busca de Dios en la adoración, sal y dale a tu pueblo lo que te fue encomendado, que tu pueblo se encargará de hacerte sentir y gustar quién eres, cómo te llamas, cuál es tu identidad y te alegrará con el ciento por uno que el Señor prometió a sus servidores. Si no sales de ti mismo el óleo se vuelve rancio y la unción no puede ser fecunda.
Salir de sí mismo supone despojo de sí, entraña pobreza. La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la fidelidad.
No principalmente en el sentido de que seamos todos “inmaculados” (ojalá con la gracia lo seamos) ya que somos pecadores, pero sí en el sentido de renovada fidelidad a la única Esposa, a la Iglesia.
Aquí es clave la fecundidad. Los hijos espirituales que el Señor le da a cada sacerdote, los que bautizó, las familias que bendijo y ayudó a caminar, los enfermos a los que sostiene, los jóvenes con los que comparte la catequesis y la formación, los pobres a los que socorre… son esa “Esposa” a la que le alegra tratar como predilecta y única amada y serle renovadamente fiel. Es la Iglesia viva, con nombre y apellido, que el sacerdote pastorea en su parroquia o en la misión que le fue encomendada, la que lo alegra cuando le es fiel, cuando hace todo lo que tiene que hacer y deja todo lo que tiene que dejar con tal de estar firme en medio de las ovejas que el Señor le encomendó: Apacienta mis ovejas (cf. Jn 21,16.17).

La alegría sacerdotal es una alegría que se hermana a la obediencia. Obediencia a la Iglesia en la Jerarquía que nos da, por decirlo así, no sólo el marco más externo de la obediencia: la parroquia a la que se me envía, las licencias ministeriales, la tarea particular… sino también la unión con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. Pero también la obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de “Nuestra Señora de la prontitud” (cf. Lc 1,39: meta spoudes), que acude a servir a su prima y está atenta a la cocina de Caná, donde falta el vino. La disponibilidad del sacerdote hace de la Iglesia casa de puertas abiertas, refugio de pecadores, hogar para los que viven en la calle, casa de bondad para los enfermos, campamento para los jóvenes, aula para la catequesis de los pequeños de primera comunión…. Donde el pueblo de Dios tiene un deseo o una necesidad, allí está el sacerdote que sabe oír (ob-audire) y siente un mandato amoroso de Cristo que lo envía a socorrer con misericordia esa necesidad o a alentar esos buenos deseos con caridad creativa.
El que es llamado sea consciente de que existe en este mundo una alegría genuina y plena: la de ser sacado del pueblo al que uno ama para ser enviado a él como dispensador de los dones y consuelos de Jesús, el único Buen Pastor que, compadecido entrañablemente de todos los pequeños y excluidos de esta tierra que andan agobiados y oprimidos como ovejas que no tienen pastor, quiso asociar a muchos a su ministerio para estar y obrar Él mismo, en la persona de sus sacerdotes, para bien de su pueblo. En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que haga descubrir a muchos jóvenes ese ardor del corazón que enciende la alegría apenas uno tiene la audacia feliz de responder con prontitud a su llamado. En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que cuide el brillo alegre en los ojos de los recién ordenados, que salen a comerse el mundo, a desgastarse en medio del pueblo fiel de Dios, que gozan preparando la primera homilía, la primera misa, el primer bautismo, la primera confesión…

Es la alegría de poder compartir –maravillados– por vez primera como ungidos, el tesoro del Evangelio y sentir que el pueblo fiel te vuelve a ungir de otra manera: con sus pedidos, poniéndote la cabeza para que los bendigas, tomándote las manos, acercándote a sus hijos, pidiendo por sus enfermos… Cuida Señor en tus jóvenes sacerdotes la alegría de salir, de hacerlo todo como nuevo, la alegría de quemar la vida por ti.
En este Jueves sacerdotal le pido al Señor Jesús que confirme la alegría sacerdotal de los que ya tienen varios años de ministerio.
Esa alegría que, sin abandonar los ojos, se sitúa en las espaldas de los que soportan el peso del ministerio, esos curas que ya le han tomado el pulso al trabajo, reagrupan sus fuerzas y se rearman: “cambian el aire”, como dicen los deportistas.
Cuida Señor la profundidad y sabia madurez de la alegría de los curas adultos.
Que sepan rezar como Nehemías: “la alegría del Señor es mi fortaleza” (cf. Ne 8,10).
Por fin, en este Jueves sacerdotal, pido al Señor Jesús que resplandezca la alegría de los sacerdotes ancianos, sanos o enfermos. Es la alegría de la Cruz, que mana de la conciencia de tener un tesoro incorruptible en una vasija de barro que se va deshaciendo.
Que sepan estar bien en cualquier lado, sintiendo en la fugacidad del tiempo el gusto de lo eterno (Guardini).
Que sientan, Señor, la alegría de pasar la antorcha, la alegría de ver crecer a los hijos de los hijos y de saludar, sonriendo y mansamente, las promesas, en esa esperanza que no defrauda.
Wednesday, September 11, 2013
Biblingual Mass Next October 4, 2013
Dear Friends,
Last Saturday, September
7, I went to Jail to celebrate mass and hear confession, and to my surprise, I have received several complaints from the English Speaking Inmates.
And they are right, absolutely right, since on Friday September 6, at St. Columba Parish, we had our First Mass to pray their Friends and Families and all were welcome to participate, but mass was said only in Spanish.
It totally slipped out of my mind, and yes, Deacon Granda and I, we do have and also serve the English Speaking inmates to whom we bring bibles and other reading materials.
My greatest apologies to them and their Families, but our next mass in October 4, at 7 Pm will be bilingual, this way, we will not be excluding anyone that wants to come and pray with us for our “Friends who are behind bars”.
Fr. Tomas
Queridos amigos
El sábado 7, como todos los sábados, fui a la cárcel para celebrar la santa misa y brindar el sacramento de la confesión para aquellos que lo solicitan.
Para mi sorpresa recibí bastantes quejas de encarcelados de habla inglesa.
Y, a no dudarlo, eran ciertas sus quejas.
El viernes 6 en la Parroquia de San Columba tuvimos nuestra misa de primer viernes, la cual por primera vez tenía una intención especial: rezar por nuestros hermanos presos y por sus familias.
Pero, cometimos el error de celebrarla y anunciarla tan solo en español. Se nos olvidó tanto al diácono Miguel Granda como a mí que también nuestros hermanos presos de habla inglesa sufren y tienen familia que, igualmente, sufre.
Les presento mis más sinceras disculpas y les prometo que, de ahora en adelante, las misas de los primeros viernes en la Parroquia de San Columba serán bilingües y tendrán una intención especial: los presos y sus familiares. El próximo primer viernes es el 4 de octubre, festividad de San Francisco, y a las 7 de la tarde nos reuniremos para orar juntos, compartir juntos, sanarnos juntos y rogar al Señor por nuestros hermanos privados de libertad y sus seres queridos.
Les espero.
Padre Tomas
7, I went to Jail to celebrate mass and hear confession, and to my surprise, I have received several complaints from the English Speaking Inmates.
And they are right, absolutely right, since on Friday September 6, at St. Columba Parish, we had our First Mass to pray their Friends and Families and all were welcome to participate, but mass was said only in Spanish.
It totally slipped out of my mind, and yes, Deacon Granda and I, we do have and also serve the English Speaking inmates to whom we bring bibles and other reading materials.
My greatest apologies to them and their Families, but our next mass in October 4, at 7 Pm will be bilingual, this way, we will not be excluding anyone that wants to come and pray with us for our “Friends who are behind bars”.
Fr. Tomas
Queridos amigos
El sábado 7, como todos los sábados, fui a la cárcel para celebrar la santa misa y brindar el sacramento de la confesión para aquellos que lo solicitan.
Para mi sorpresa recibí bastantes quejas de encarcelados de habla inglesa.
Y, a no dudarlo, eran ciertas sus quejas.
El viernes 6 en la Parroquia de San Columba tuvimos nuestra misa de primer viernes, la cual por primera vez tenía una intención especial: rezar por nuestros hermanos presos y por sus familias.
Pero, cometimos el error de celebrarla y anunciarla tan solo en español. Se nos olvidó tanto al diácono Miguel Granda como a mí que también nuestros hermanos presos de habla inglesa sufren y tienen familia que, igualmente, sufre.
Les presento mis más sinceras disculpas y les prometo que, de ahora en adelante, las misas de los primeros viernes en la Parroquia de San Columba serán bilingües y tendrán una intención especial: los presos y sus familiares. El próximo primer viernes es el 4 de octubre, festividad de San Francisco, y a las 7 de la tarde nos reuniremos para orar juntos, compartir juntos, sanarnos juntos y rogar al Señor por nuestros hermanos privados de libertad y sus seres queridos.
Les espero.
Padre Tomas
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